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	<title>artemus stella &#187; orgía</title>
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	<description>tu presente es el crisol de las oportunidades, procura hacer las mezclas que creas te van a llevar al éxito</description>
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		<title>La Señora de los Mares</title>
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		<pubDate>Mon, 03 Aug 2009 18:58:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Artemus Stella</dc:creator>
				<category><![CDATA[Microrrelato]]></category>
		<category><![CDATA[acto sexual]]></category>
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		<description><![CDATA[Es en las noches de luna nueva, cuando la última estrella del firmamento comienza a tintinear, cuando la ola plateada serpentea rumbo a la playa, es Ella la que se acerca. No hay hombre que se resista a sus encantos eróticos, a su brisa sensual, a su cabellera del color de la espuma del mar [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Es en las noches de luna nueva, cuando la última estrella del firmamento comienza a tintinear, cuando la ola plateada serpentea rumbo a la playa, es Ella la que se acerca.</p>
<p>No hay hombre que se resista a sus encantos eróticos, a su brisa sensual, a su cabellera del color de la espuma del mar y a sus ojos de cristal. Es Ella, de piernas largas y esbeltas, la que seduce con sus pechos de coral, la que susurra a los hombres al oído, la de labios sabor a sal.</p></blockquote>
<p>&#8212;Quién era ella, abuela&#8212; interrumpió una niña que atenta escuchaba el relato.</p>
<blockquote><p>Era la Señora de los Mares. Un demonio, un espíritu maléfico que vivía de la debilidad del hombre y se alimentaba de su esencia. Dicen que en esas noches venía en busca de un hombre que la satisficiera. Corrompía el significado de la sexualidad, haciendo con los hombres cualquier aberración: hacía que los hombres se portaran como animales, que anduvieran en cuatro patas y que chillaran como cerdos cuando terminaban el acto sexual. Al final los hombres tenían que pagar el precio de su deshonra, perdían su espíritu y ya jamás disfrutaban de lo que hacían.</p></blockquote>
<p>&#8212;¿No tenían otra opción?&#8212; otra niña cuestionó a la vieja matriarca del pueblo isleño.</p>
<blockquote><p>Sí, tenían una opción. Algunos hombres rogaban por sus espíritus y entregaban a cambio a su hijo varón de mayor edad. Casi todos los que eligieron entregar a sus hijos, decidieron después, ante la vergüenza, quitarse la vida de las formas más horrendas. Los que no lo hicieron, simplemente abandonaron el pueblo y jamás se volvió a saber de ellos.</p></blockquote>
<p>&#8212;¿Es por eso que no hay hombres en la isla?&#8212; preguntó la menor de todas las niñas que se encontraba escuchando la historia.</p>
<p>&#8212;No los necesitamos&#8212; replicó la abuela.</p>
<p>La matriarca se levantó del lugar donde se encontraba relatando la historia a las más jóvenes. Se dirigió a un círculo de mujeres que danzaban, gritaban jubilosas y se acariciaban y se besaban unas a otras. En medio de ellas, un grupo de hombres y mujeres se entregaban en una gran orgía de placeres sexuales. Cuando todas vieron que la matriarca se acercaba, se hicieron a un lado; la mujer vieja y de cara curtida por los años levantó un cuchillo como haciendo una señal, entonces todas las mujeres alrededor se abalanzaron hacía la orgía y acuchillaron a todos los varones, dándoles muerte.</p>
<p>Los hombres que nacían en aquella isla se reservaban y se criaban como animales, apartados de toda actividad isleña. Cada año celebraban el rito de la fertilidad. A las mujeres se les educaba para ser autosuficientes y vivir sin necesidad de la presencia del hombre, en todo como fuera posible.</p>
<p>&#8212;¡Que ningún demonio venga a perturbar lo que por derecho nos pertenece!, ¡el dominio de la mujer sobre la bestia!&#8212; gritó la anciana al momento que se le dio muerte al último hombre en el ritual y todas las mujeres vitoreaban y se regocijaban unas con otras.</p>
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