La era moderna, junto con el tren del progreso y el desarrollo de las ciencias, trae consigo la liberalización de ideas con respecto a la búsqueda de la felicidad.
Ciertamente resultó, para algunos, peligroso que “la muchedumbre” se diera cuenta que también podía ser feliz. Esto dio pie al nacimiento de muchas religiones, pero esa es otra historia.
Durante miles de años el ser humano ha vivido un proceso evolutivo que resultó en lo que ahora somos. Sin embargo, lo que somos hoy día es producto de necesidades del pasado y no de las necesidades del presente. Somos una máquina bológica con dificultades para adaptarnos al mundo que hemos creado.
Afortunadamente contamos con una gran capacidad de adaptación, herencia evolutiva de nuestros antepasados. Es por eso que algunos dicen que Darwin se equivovó al decir: “la supervivencia del más apto”; más bien debió haber dicho: “la supervivencia del que mejor se adapta”
Esa gran capacidad de adaptarnos no es la panacea. En la actualidad es fácil adaptarnos al sedentarismo, a comer demasiado, al ostracismo, a dejar que los demás hagan las cosas.
El mundo de hoy nos ofrece formas de ser felices sin “mayor” esfuerzo. Y es aquí donde entra la democracia de la felicidad, todos tenemos derecho a ser felices y a decidir de qué manera queremos serlo.
Hace miles de años, cientos de miles, el ser humano ejecutaba esfuerzos complejos para ser feliz, debía de sobrevivir. Un momento de descanso le procuraba una gran felicidad; los ritos lunares, esos momentos de fiesta, explotaban en un frenesí de alegrías. Todo gracias al fruto de un arduo trabajo de cacería y de arriesgar la vida para llevar el sustento al clan y al hogar. No era fácil ser humano en aquellos días, los procesos de selección eran rigurozos; los niños y niñas solían pasar pruebas muy duras para convertirse en hombres y mujeres de respeto, de lo contrario eran condenados a la infelicidad. Esa forma de experimentar la felicidad o la infelicidad está en nuestros genes.
En la actualidad no necesitamos arriegar la vida para poder experimentar los placeres de este mundo y tampoco se requieren pasar pruebas de madurez para contar con el derecho a ser feliz. La felicidad se encuentra relativamente al alcance de nuestras manos. La felicidad se ha democratizado.
Ahora podemos echarnos en el sofá todo el fin de semana viendo el fútbol y con eso se puede experimentar la felicidad, ¿sencillo?
Pero como en toda buena democracia, hay quienes votan por la felicidad que cuesta (dicen que es la que vale la pena) y otros apuestan por la felicidad que no cuesta (otros dicen que es felicidad pasajera o efímera)
Así somos los seres humanos, herramientas bilógicas del pasado, intentando ganarle la carrera a nuestra propia creación, todo para ser cada vez más felices.


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