Es lo más desagradable que he vivido, a la vez que inexplicable. No te das cuenta de ello, hasta que te topas con esas evidencias fuera de lo normal. Sobrenaturales dirían algunos, a mí no me lo parecieron, al menos no en ese momento.
Cómo se va uno a imaginar que un simple beso, ¡si!, un simple beso a una jovencita de cara inocente que primero se niega a ser abordada y después se presta a ser ultrajada de la forma más vil y horrenda. Cómo se va uno a imaginar que aquellos ojos del color del cielo y esa boca de sabor a miel se puedan convertir en la mirada que despierta mi lujuria y en la lengua que provoca mis más bajos instintos.
Pero el beso, el beso que al principio fue dulce, pero al final dejó en mi boca ese menjurje baboso; como una gelatina, que aunque sinsabor, imposible de ser escupida o tragada. Es el precio que hay que pagar.
¿Has besado a un demonio?, lo sabrías de haberlo hecho. Pero ten por seguro que no lo sospecharías de estar a punto de hacerlo.
Comentarios recientes