Dos caras

•4 Diciembre 2009 • 1 comentario

Yo: No intentes entender por qué ves dos caras en mí, no te hagas el güey. Por qué mejor no intentas comprender la verdad.

Tú: Ya vas a comenzar con tus mamadas que lees en los libros, ¿de qué puta verdad hablas?

Yo: Pues que no hay dos putas caras en mí, ¡no seas pendejo!

Tú: ¡ah chinga!, ¿cómo que no hay dos caras?

Yo: Si te das cuenta, verás que no soy yo quien tiene dos caras. Sino que eres tú mismo después de ingerir esa cerveza de mierda.

La muerte de Santa

•24 Noviembre 2009 • Dejar un comentario

El Polo Norte se derritió.

Santa Clos, murió.

El malo de esta historia

•17 Noviembre 2009 • 2 comentarios

Un día vinieron a presentarse delante de Jehová los hijos de Dios, entre los cuales vino también Satanás.

Y dijo Jehová a Satanás: ¿De dónde vienes? Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: De rodear la tierra y de andar por ella. Y Jehová dijo a Satanás: ¿No has considerado a mi creación, que no hay otra como ella en todo el Universo, hecha perfecta y hermosa, digna de su Dios?

Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: ¿Acaso no matasté a millones de hombres, a sus esposas y a sus hijos y otros seres viviente en el Diluvio?, ¿Cuántos de tus hijos sobrevivieron al Diluvio?

Dijo Jehová a Satanás: En ese mismo día entraron Noé, y Sem, Cam y Jafet hijos de Noé, la mujer de Noé, y las tres mujeres de sus hijos, con él en el arca; solo ellos se salvaron.

Y dijo Satanás a Jehova: ¿Acaso no matasté a toda los hombres de Sodoma y Gomorra?, ¿Cuántos de tus hijos sobrevivieron?

Respondiendo Jehová a Satanás, dijo: Solo Lot y sus hijas.

Satanás dijo a Jehova: Entonces no me vengas con que amas al mundo y que es una creación hermosa, si Tú mismo la destruyes en cada mínimo error que cometen. ¿Y quién dice que yo soy el malo de esta historia?

Posiciones sexuales

•13 Noviembre 2009 • Dejar un comentario

Tan solo conozco cuatro posiciones sexuales: arriba, abajo, por un lado y por el otro…

… ¡Ah!, y todas sus variantes.

El mayor egoismo

•21 Octubre 2009 • 12 comentarios

No hay mayor egoismo en el mundo, que pensar que Dios entregó a su único hijo, para que todo aquel que cree semejante aberración, encuentre la vida eterna.

Miradas sensitivas

•22 Septiembre 2009 • 4 comentarios

Acariciar tus manos, pocas veces lo hago. Ellas, que siempre son protagonistas en el arte del amor, son las menos atendidas. Tan acostumbradas a dar todo en una caricia y conformarse con sentir el calor que ellas mismas provocan en mi piel.

Permíteme prestarles la debida atención. Déjame palparlas, agradecerles su dedicación y afecto hacía mí, mi cuerpo y mi alma se han reconfortado con su presencia, no merecen menos que ser enaltecidas con un beso.

Un beso, un beso y una mirada discreta y fugaz hacía tus ojos. Tus ojos son el escaparate de tus emociones. Dime con tus ojos lo que sientes, muestrame tus reacciones ante un beso, un beso en tus manos.

Miradas, caricias, manos y ojos, incluso las risas son el preámbulo de lo que viene. Observar lo que se siente, sentir lo que se ve. Es el deseo de complacer, las ganas de regresar a tus manos lo tanto que me han dado.

Los Evangelistas del Fin del Mundo

•9 Septiembre 2009 • 3 comentarios

Barrios vacíos, calles y avenidas sin automóviles, ciudades en total desolación. Nada funciona, nadie produce. Todos morimos.

“No salgan de sus casas”, ordenaban las autoridades. La pandemia nos obliga a permanecer en total aislamiento. Después, cuando ya no hubo “autoridades”, fue simple sentido común. Nadie salía o nadie tenía contacto con nadie más. Excepto, solo aquellos que promulgaban las “buenas nuevas”.

Muchos huimos al campo a vivir de forma primitiva, consumiendo nuestra propia producción. No había otra forma de sobrevivir. El virus es implacable.

Para los Testigos de Jehová fue y es la gloria, lo que por tantos años profesaban se “volvió realidad”: la ira de Dios estaba aquí. Ellos no obedecieron las advertencias, seguían visitando las casas, son los únicos que continúan por las calles. Ejércitos de ellos evangelizando y –claro, no hay milagros– muriendo. Solo ellos seguían transmitiendo el maléfico virus, disfrazado de palabras de salvación.

Aquí estoy, tratando de salvar a mi familia y tal vez, y solo tal vez, a la raza humana. Aquí nos encontramos cosechando y disfrutando la poca vida que nos queda. Aquí me encuentro ahora: en una mano un azadón y en otra una escopeta; una mano alimenta a mi familia y otra los cuida de esos Evangelistas del Fin del Mundo.

La Señora de los Mares

•3 Agosto 2009 • 5 comentarios

Es en las noches de luna nueva, cuando la última estrella del firmamento comienza a tintinear, cuando la ola plateada serpentea rumbo a la playa, es Ella la que se acerca.

No hay hombre que se resista a sus encantos eróticos, a su brisa sensual, a su cabellera del color de la espuma del mar y a sus ojos de cristal. Es Ella, de piernas largas y esbeltas, la que seduce con sus pechos de coral, la que susurra a los hombres al oído, la de labios sabor a sal.

—Quién era ella, abuela— interrumpió una niña que atenta escuchaba el relato.

Era la Señora de los Mares. Un demonio, un espíritu maléfico que vivía de la debilidad del hombre y se alimentaba de su esencia. Dicen que en esas noches venía en busca de un hombre que la satisficiera. Corrompía el significado de la sexualidad, haciendo con los hombres cualquier aberración: hacía que los hombres se portaran como animales, que anduvieran en cuatro patas y que chillaran como cerdos cuando terminaban el acto sexual. Al final los hombres tenían que pagar el precio de su deshonra, perdían su espíritu y ya jamás disfrutaban de lo que hacían.

—¿No tenían otra opción?— otra niña cuestionó a la vieja matriarca del pueblo isleño.

Sí, tenían una opción. Algunos hombres rogaban por sus espíritus y entregaban a cambio a su hijo varón de mayor edad. Casi todos los que eligieron entregar a sus hijos, decidieron después, ante la vergüenza, quitarse la vida de las formas más horrendas. Los que no lo hicieron, simplemente abandonaron el pueblo y jamás se volvió a saber de ellos.

—¿Es por eso que no hay hombres en la isla?— preguntó la menor de todas las niñas que se encontraba escuchando la historia.

—No los necesitamos— replicó la abuela.

La matriarca se levantó del lugar donde se encontraba relatando la historia a las más jóvenes. Se dirigió a un círculo de mujeres que danzaban, gritaban jubilosas y se acariciaban y se besaban unas a otras. En medio de ellas, un grupo de hombres y mujeres se entregaban en una gran orgía de placeres sexuales. Cuando todas vieron que la matriarca se acercaba, se hicieron a un lado; la mujer vieja y de cara curtida por los años levantó un cuchillo como haciendo una señal, entonces todas las mujeres alrededor se abalanzaron hacía la orgía y acuchillaron a todos los varones, dándoles muerte.

Los hombres que nacían en aquella isla se reservaban y se criaban como animales, apartados de toda actividad isleña. Cada año celebraban el rito de la fertilidad. A las mujeres se les educaba para ser autosuficientes y vivir sin necesidad de la presencia del hombre, en todo como fuera posible.

—¡Que ningún demonio venga a perturbar lo que por derecho nos pertenece!, ¡el dominio de la mujer sobre la bestia!— gritó la anciana al momento que se le dio muerte al último hombre en el ritual y todas las mujeres vitoreaban y se regocijaban unas con otras.

Santo Niño de las Suertes

•24 Julio 2009 • 22 comentarios

Santo Niño de las Suertes

¡No cabía de felicidad cuando se me hizo el milagro!

Cuando me llegó este correo por primera vez, de una amiga que tuvo fe y recibió el milagro, yo estaba realmente angustiado por un apuro realmente grave.

Los milagros de este Santo Niño de las Suertes no son igual a aquellas cadenas o correos que le dan la vuelta al mundo pidiendo que tan solo lo envíes a 20 amigos de tu lista de correo o cosa similar y que después no pasa nada, no, ¡esto es verdad y tiene décadas realizando milagros!, mucho antes que la Internet se volviera popular.

Tampoco tienes que realizar una oración, pues el Santo Niño de las Suertes conoce tu corazón y tu necesidad. Tan solo hay que ofrecerle un regalo de fe.

El Santo Niño de las Suertes es la representación de que la vida y la muerte están en manos de nuestro Dios todopoderoso. También representa toda la humildad y sinceridad que un niño puede ofrecer.

¿Cómo funciona?, ¿qué hice para que se me realizara el milagro?

¡Muy sencillo!

Tan solo busqué dentro de mi corazón algo que regalarle al Santo Niño de las Suertes y se lo obsequié. Así fue:

Santo Niño de las Suertes, este día te regalo un carro de juguete para que juegues en los momentos en que estés despierto. Te lo entrego de todo corazón a ti que conoces mi necesidad.

Sencillo, ¿cierto?

El regalo no tiene que ser físico, es espiritual, solo se requiere verdadera intención y tu milagro será concedido. Si está dentro de tus posibilidades, regala el juguete a un niño que lo necesite y que no sea familiar tuyo, para que el desprendimiento sea sincero. No se requiere que sea algo caro, recuerda que el Santo Niño de las Suertes busca sinceridad.

No requieres enviar este correo a 20 personas. Envíalo solo si lo sientes de corazón y si crees que alguien más necesita de un milagro verdadero. Envíalo, no porque eso te vaya a conceder el milagro, sino porque no hay egoísmo en tu corazón.

¿Y tú qué le vas a regalar al Santo Niño de las Suertes?

¿Has besado a un demonio?

•16 Julio 2009 • 2 comentarios

Es lo más desagradable que he vivido, a la vez que inexplicable. No te das cuenta de ello, hasta que te topas con esas evidencias fuera de lo normal. Sobrenaturales dirían algunos, a mí no me lo parecieron, al menos no en ese momento.

Cómo se va uno a imaginar que un simple beso, ¡si!, un simple beso a una jovencita de cara inocente que primero se niega a ser abordada y después se presta a ser ultrajada de la forma más vil y horrenda. Cómo se va uno a imaginar que aquellos ojos del color del cielo y esa boca de sabor a miel se puedan convertir en la mirada que despierta mi lujuria y en la lengua que provoca mis más bajos instintos.

Pero el beso, el beso que al principio fue dulce, pero al final dejó en mi boca ese menjurje baboso; como una gelatina, que aunque sinsabor, imposible de ser escupida o tragada. Es el precio que hay que pagar.

¿Has besado a un demonio?, lo sabrías de haberlo hecho. Pero ten por seguro que no lo sospecharías de estar a punto de hacerlo.