En el principio fue la Oscuridad y el que Es –como se llama así mismo la Oscuridad– con su pensamiento creó a una entidad llamada Luz. Luz se convirtió en el portavoz del que Es y se le encomendó hacer todas las cosas.
Fue así como Luz lanzó una chispa, una chispa con leyes y reglas para la autocreación de objetos animados y autónomos; así es como se creó el universo, los soles, los planetas y la vida. Esto no era suficiente para los planes del que Es, así que le ordenó a Luz crear un ser semejante a ellos.
En un momento en el tiempo, Luz envolvió a Tierra. Tierra es la más bella de los desprendimientos de la chispa, la elegida de Luz. Tierra en ese tiempo era salvaje, voluble y temperamental, y sabía que se había convertido en el deseo de Luz. Desde entonces, Luz comenzó también a ser nombrado Amor.
Amor, con su gran falo de fuego penetró a Tierra; Tierra se vio sacudida e invadida tan de pronto, hubo terremotos, erupciones e inundaciones, especies desaparecían y aparecían nuevas en tan solo algunos segundos de tiempo universal. La lindura de Tierra cambió en esos momento, toda su hermosura se transformó en belleza erótica, causa del fuego que después se conoció como pasión. Tierra tuvo un estallido orgásmico que causo su división y Amor derramó en ella chorros eyaculatorios ardientes que fertilizaron a Tierra. De la semilla de Luz y el poder dador de vida de Tierra, nació lo que conocemos como Conciencia; un ser nacido del magma y moldeado por las manos de Luz cuando brotó en lava.
Fue así como nació un maravilloso ser, aquel que fue la primera conciencia que caminó sobre la faz de la Tierra. Aquel ser al que se le denominó: Hombre.
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