Acariciar tus manos, pocas veces lo hago. Ellas, que siempre son protagonistas en el arte del amor, son las menos atendidas. Tan acostumbradas a dar todo en una caricia y conformarse con sentir el calor que ellas mismas provocan en mi piel.
Permíteme prestarles la debida atención. Déjame palparlas, agradecerles su dedicación y afecto hacía mí, mi cuerpo y mi alma se han reconfortado con su presencia, no merecen menos que ser enaltecidas con un beso.
Un beso, un beso y una mirada discreta y fugaz hacía tus ojos. Tus ojos son el escaparate de tus emociones. Dime con tus ojos lo que sientes, muestrame tus reacciones ante un beso, un beso en tus manos.
Miradas, caricias, manos y ojos, incluso las risas son el preámbulo de lo que viene. Observar lo que se siente, sentir lo que se ve. Es el deseo de complacer, las ganas de regresar a tus manos lo tanto que me han dado.
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Merecido y precioso homenaje, Artemio… Invita a imitar tu gesto, y devolver a esas manos, por seguras, discretas y silenciosas, a menudo obviadas… proveedoras inagotables de caricias cotidianas, que nos lo dan todo, todo cuánto nos han dado, y todavía un poco más… Nuestras manos mismas, para que cuenten con ellas siempre.
Saludos.
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Como siempre sabes llegar y llevar al lugar indicado en cada palabra tuya, eres como el dulce que nunca empalaga al paladar tan acostumbrado a los manjares amielados, unico en tu especie… me gustaria que hicieras algo sobre mi mirada, haber si la recuerdas….Gracias por ser tú amigo mio.


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